La Vía de la Maestría es la respuesta a mi petición de ayuda o mi deseo de ver diferente, de dejar de sufrir, de despertar del sueño de separación a la comprensión de que soy más que un cuerpo mente, no estoy sola, no hay nada malo en mí, soy merecedora de todo lo bueno, no hay nada que hacer, nada que decidir, mi única función es deshacer las ilusiones para dar paso a la Verdad, mi Padre y yo somos Uno y lo mismo, el Amor me ama y me vive, no soy yo sino Él…y rendirme, rendirme a esa Verdad.
Paso a paso, lección tras lección, me ha llevado de la mano a sentir la Verdad, a profundizar quién Soy, estoy aprendiendo a responsabilizarme de todas mis elecciones, a soltar la creencia de ser una víctima, a soltar la creencia de que el mundo puede darme algo de valor o puede quitarme cosas, a ver que el mundo es un reflejo de lo que he valorado, de lo que elijo ver.
A través de las enseñanzas de Jeshua, la mente fue soltando su férreo agarre a las percepciones y a su necesidad de tener razón, a su necesidad de saber, a su necesidad de controlar, para dejarse llevar a través de la respiración que me regresa al lugar de encuentro con mi Maestro, y descubro que cada vez hay más disposición a ver diferente, a soltar el mundo y a soltar la resistencia, y ahora solo pido ver la Verdad, solo quiero ir al encuentro, sólo quiero reconocer que mi padre y yo somos Uno, y que este mundo es inocente, que nadie me ha hecho nada y que todo es perfecto, me pregunto a cada momento qué elijo, qué deseo, soy consciente de que la mente aun alberga y valora ciertas percepciones y cuando me pierdo en ellas, me doy cuenta a través de mi sentir y de inmediato me preguntó qué he valorado por encima del Amor, a que le estoy dando valor, de inmediato la mente escucha ese llamado, lo siento así, como un llamado de un buen amigo, una invitación amorosa a ver y, si pido, se me da la claridad que necesito y a través de la honestidad conmigo misma reconozco que estoy viviendo los efectos de lo que he deseado ver y de las creencias que he valorado…nadie me ha hecho nada, no hay nada que me aprisione, que me ate, que me condicione, que me limite, sólo la creencia de que esto es así.
La Vía es el camino que elegí para regresar a la cordura y para despertar del sueño de dolor, la gratitud se desborda, siento que mi corazón se une y el Amor disuelve el miedo, la desconfianza y así elijo dejar de lamentar el sueño de la separación y verlo inocente y divertirme en el proceso. Infinitas gracias.